Un punto de recarga es mucho más que un enchufe. La instalación debe dimensionarse según la potencia contratada, la distancia hasta el cuadro eléctrico y el uso previsto. Requiere sus propias protecciones y su correspondiente legalización.
Para vivienda, lo habitual es un cargador de 7,4 kW, suficiente para recargar por completo durante la noche. En negocios, hoteles o comunidades se recurre a potencias mayores o a varios puntos con un sistema de gestión de carga que reparte la potencia disponible y evita que salten los diferenciales.
La combinación más interesante es la de cargador y fotovoltaica. Existen equipos capaces de cargar el vehículo únicamente con el excedente solar, ajustando la potencia en tiempo real según lo que estén produciendo los paneles.

